Azúcar añadido: efectos en la salud y cómo reducirlo
Conoce los efectos del azúcar añadido en la salud y su relación con la obesidad y la diabetes. Descubre cómo reducir el consumo de azúcar con recomendaciones prácticas para mejorar tus hábitos.
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José L. Navarro
12/8/202414 min read


El consumo excesivo de azúcar añadido constituye uno de los principales retos nutricionales de las sociedades actuales. Su presencia en bebidas, productos procesados y alimentos de consumo habitual puede favorecer un exceso de energía en la dieta y contribuir al desarrollo de alteraciones metabólicas, obesidad y enfermedades bucodentales. Conocer qué tipos de azúcares consumimos, cómo afectan al organismo y qué estrategias permiten reducir su ingesta es fundamental para mejorar la salud a corto y largo plazo.
¿Qué es el azúcar añadido y en qué se diferencia de los azúcares naturales?
El azúcar es el nombre genérico que se utiliza para referirse a diferentes hidratos de carbono simples, principalmente monosacáridos y disacáridos. Entre los más habituales encontramos la glucosa, la fructosa, la galactosa, la sacarosa, la lactosa y la maltosa.
Desde el punto de vista nutricional, es importante distinguir entre tres conceptos:
Azúcares naturalmente presentes: son los que forman parte de la composición original de determinados alimentos, como la fructosa de las frutas enteras o la lactosa de la leche.
Azúcares añadidos: son aquellos que se incorporan durante la elaboración, preparación o consumo de los alimentos y bebidas. Incluyen el azúcar blanco, el azúcar moreno, la sacarosa, la glucosa, la dextrosa y los jarabes azucarados, entre otros.
Azúcares libres: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), comprenden los azúcares añadidos por fabricantes, cocineros o consumidores, así como los presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los zumos de frutas y los concentrados de zumo.
Esta distinción tiene importantes implicaciones para la salud. No es equivalente consumir una pieza de fruta entera que beber su zumo, aunque ambos productos contengan azúcares de origen natural.
La fruta entera aporta fibra, agua y una matriz alimentaria que condiciona la velocidad de consumo y la respuesta metabólica. En cambio, el zumo permite ingerir cantidades mayores de azúcar en menos tiempo y, por lo general, contiene menos fibra que la fruta de partida.
Por tanto, el efecto de los azúcares sobre el organismo no depende exclusivamente de su estructura química, sino también de la fuente alimentaria, la cantidad consumida, la frecuencia de ingesta y el contexto global de la dieta.
¿Dónde se encuentra el azúcar añadido?
Uno de los principales problemas del consumo de azúcar añadido es que no siempre resulta evidente para el consumidor.
Aunque es fácil identificarlo en productos como caramelos, chocolates, bollería, galletas y refrescos, también puede estar presente en alimentos que no se perciben necesariamente como dulces.
Entre las principales fuentes de azúcar añadido destacan:
Refrescos y bebidas azucaradas.
Bebidas energéticas y deportivas.
Néctares y bebidas de frutas.
Bollería industrial, pasteles y galletas.
Cereales de desayuno azucarados.
Yogures de sabores y postres lácteos.
Salsas comerciales, kétchup y algunos aliños.
Panes industriales y productos de panadería.
Barritas de cereales y determinados productos etiquetados como saludables.
Preparados alimentarios, sopas y productos precocinados.
También conviene prestar atención a los diferentes nombres que puede recibir el azúcar en el listado de ingredientes:
Sacarosa.
Glucosa y fructosa.
Dextrosa.
Maltosa.
Jarabe de glucosa.
Jarabe de maíz.
Jarabe de fructosa.
Azúcar invertido.
Melaza.
Miel.
Sirope de agave.
Concentrado de zumo de frutas.
Es importante señalar que sustituir el azúcar blanco por miel, panela, azúcar moreno, sirope de agave o azúcar de coco no elimina sus efectos metabólicos. Aunque pueden existir diferencias de composición y procesamiento, todos estos ingredientes aportan azúcares libres y deben contabilizarse dentro de una alimentación saludable.
Principales efectos del azúcar añadido sobre la salud
El consumo elevado y habitual de azúcares libres se relaciona con diferentes problemas de salud. La evidencia científica es especialmente consistente en relación con el aumento de peso, la caries dental y los efectos metabólicos asociados al consumo frecuente de bebidas azucaradas.
Aumento de peso y obesidad
Los azúcares añadidos aportan aproximadamente 4 kcal por gramo, pero su contribución nutricional es limitada desde el punto de vista de la fibra, las vitaminas y los minerales.
Cuando se consumen habitualmente alimentos y bebidas ricos en azúcar, puede aumentar la ingesta energética total sin que necesariamente se produzca una compensación equivalente mediante una reducción del consumo de otros alimentos.
Este fenómeno favorece un balance energético positivo, es decir, que la energía ingerida supere de forma mantenida a la gastada.
Las bebidas azucaradas merecen especial atención. Su consumo proporciona energía en forma líquida, suele generar menor saciedad que los alimentos sólidos y facilita una ingesta elevada de azúcar en poco tiempo.
La relación entre el consumo frecuente de bebidas azucaradas y el aumento de peso está respaldada por estudios epidemiológicos y ensayos de intervención.
Por tanto, reducir este tipo de bebidas constituye una estrategia eficaz dentro de los programas de prevención y tratamiento del exceso de peso.
Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2
La glucosa es una fuente de energía esencial para el organismo. Después de una comida, aumenta su concentración en sangre y el páncreas libera insulina, una hormona que facilita la captación y utilización de glucosa por los tejidos.
El consumo elevado de azúcar añadido, especialmente cuando contribuye a un exceso energético mantenido y a la acumulación de grasa visceral, puede favorecer alteraciones en la sensibilidad a la insulina.
La resistencia a la insulina aparece cuando las células responden de manera menos eficaz a esta hormona. Como consecuencia, el páncreas necesita producir mayores cantidades de insulina para mantener la glucemia dentro de los valores normales.
Con el tiempo, esta situación puede contribuir al desarrollo de prediabetes y diabetes mellitus tipo 2 en personas predispuestas.
Es importante evitar una interpretación simplista: consumir azúcar no provoca automáticamente diabetes. La enfermedad tiene un origen multifactorial en el que intervienen la genética, la composición corporal, la actividad física, la alimentación, el sueño y otros factores ambientales.
No obstante, reducir las bebidas azucaradas y los productos con elevada cantidad de azúcares libres es una medida relevante para disminuir el riesgo cardiometabólico.
Enfermedad cardiovascular
Una ingesta elevada de azúcares añadidos puede afectar a distintos factores de riesgo cardiovascular.
Entre los mecanismos implicados se encuentran:
Mayor probabilidad de desarrollar exceso de peso y obesidad abdominal.
Alteraciones del perfil lipídico, especialmente aumento de triglicéridos.
Posibles incrementos de la presión arterial.
Alteraciones del metabolismo de la glucosa.
Mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina.
El consumo frecuente de bebidas azucaradas se ha relacionado con una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular en estudios observacionales.
Sin embargo, es necesario considerar el conjunto de la alimentación y del estilo de vida para interpretar estas asociaciones. El azúcar no actúa de forma aislada, sino dentro de patrones dietéticos que pueden incluir otros factores de riesgo.
Hígado graso asociado a disfunción metabólica
El hígado desempeña un papel central en el metabolismo de los hidratos de carbono.
Cuando existe un consumo elevado de azúcares, especialmente fructosa en cantidades excesivas y en un contexto de superávit energético, puede aumentar la síntesis hepática de ácidos grasos mediante un proceso denominado lipogénesis de novo.
Si este proceso supera la capacidad del organismo para oxidar o exportar los lípidos, puede producirse una acumulación de grasa en el hígado.
Esta situación se relaciona con el desarrollo de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, anteriormente conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico.
El riesgo no depende exclusivamente de un nutriente concreto, sino también de la cantidad total de energía ingerida, la adiposidad visceral, la actividad física y la susceptibilidad individual.
Las bebidas azucaradas representan una fuente especialmente relevante de azúcares libres y conviene limitar su consumo.
Caries dental y deterioro de la salud bucodental
La relación entre azúcares libres y caries dental está ampliamente documentada.
Las bacterias presentes en la placa dental metabolizan los azúcares fermentables y producen ácidos que disminuyen el pH de la superficie del diente.
Cuando la exposición a estos ácidos es frecuente y prolongada, se favorece la desmineralización del esmalte y aumenta el riesgo de desarrollar caries.
La frecuencia de consumo tiene especial importancia. No solo influye la cantidad total de azúcar ingerida, sino también cuántas veces al día se exponen los dientes a estos compuestos.
Por este motivo, picar continuamente alimentos azucarados, consumir caramelos durante periodos prolongados o beber refrescos de manera repetida puede incrementar el riesgo de deterioro dental.
Reducir los azúcares libres, mantener una higiene bucodental adecuada y utilizar dentífricos fluorados son medidas fundamentales de prevención.
Alteraciones de la calidad global de la alimentación
Otro efecto relevante del consumo elevado de azúcar añadido es el desplazamiento de alimentos nutricionalmente interesantes.
Cuando una proporción importante de la energía diaria procede de refrescos, bollería, dulces y otros productos azucarados, puede disminuir el espacio disponible para alimentos ricos en fibra, proteínas de calidad, vitaminas, minerales y grasas saludables.
Este patrón alimentario puede dificultar la cobertura de las necesidades nutricionales y contribuir a una dieta de baja calidad.
Por ello, el objetivo no debe ser únicamente reducir calorías, sino mejorar la densidad nutricional de la alimentación.
¿Cuánto azúcar podemos consumir al día?
La Organización Mundial de la Salud establece recomendaciones específicas para los azúcares libres, aplicables tanto a adultos como a niños.
Según sus directrices:
Los azúcares libres deben representar menos del 10 % de la ingesta energética total.
Reducir su consumo por debajo del 5 % de la energía diaria puede aportar beneficios adicionales para la salud.
Estas cantidades se refieren a azúcares libres, no a todos los hidratos de carbono ni a los azúcares naturalmente presentes en la fruta entera o la leche.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en su evaluación científica de 2022, concluyó que los azúcares añadidos y libres deberían mantenerse tan bajos como sea posible dentro de una alimentación nutricionalmente adecuada. No pudo establecer un nivel máximo de ingesta tolerable que garantizase la ausencia de efectos adversos.
En consecuencia, la recomendación práctica es reducir al máximo razonable los azúcares libres, sin comprometer la calidad nutricional ni la variedad de la dieta.
Cómo identificar el azúcar añadido en el etiquetado nutricional
Aprender a interpretar las etiquetas alimentarias es una de las herramientas más útiles para controlar el consumo de azúcar.
En España, de acuerdo con el Reglamento europeo sobre información alimentaria al consumidor, la declaración nutricional obligatoria incluye la cantidad de hidratos de carbono y, dentro de ellos, los azúcares.
Sin embargo, hay una cuestión importante: la cifra de «azúcares» de la tabla nutricional no indica exclusivamente los azúcares añadidos. Incluye tanto los azúcares presentes de forma natural como los incorporados durante la fabricación.
Para interpretar correctamente un producto, conviene seguir estos pasos:
1. Revisar los hidratos de carbono y los azúcares.
La información se expresa normalmente por cada 100 g o 100 ml. Este dato permite comparar diferentes productos de una misma categoría.
2. Consultar la lista de ingredientes.
Los ingredientes aparecen ordenados de mayor a menor cantidad según su peso en el momento de incorporarse al producto. Si el azúcar o alguno de sus sinónimos aparece entre los primeros ingredientes, conviene prestar especial atención.
3. Identificar las distintas denominaciones del azúcar.
No debemos limitarnos a buscar la palabra «azúcar». También hay que reconocer ingredientes como jarabe de glucosa, dextrosa, fructosa, maltosa, sacarosa o miel.
4. Valorar el tamaño de la ración.
Un producto puede parecer moderado en azúcar por cada 100 g, pero aportar una cantidad considerable cuando se consume en una ración grande.
5. No confiar exclusivamente en las declaraciones comerciales.
Expresiones como «natural», «artesano», «con miel», «sin azúcar refinado» o «fuente de energía» no garantizan que el producto tenga un bajo contenido de azúcares libres.
La lectura conjunta de la lista de ingredientes y de la información nutricional permite tomar decisiones más fundamentadas.
Adicción al azúcar
Cualquier sustancia que consumimos por placer puede ser una adicción, incluido el azúcar.
La ingesta de azúcar afecta el sistema de recompensa del cerebro, incluida la activación de los neurotransmisores del bienestar, la dopamina y la serotonina.
Debido a que el azúcar provoca la liberación de dopamina y otros efectos similares a los de las drogas, el consumo excesivo de azúcar puede provocar los mismos comportamientos que se observan en las adicciones a las drogas, como atracones, tolerancia, antojos intensos de azúcar, abstinencia y dependencia.
En base a los resultados de los estudios realizados en modelos animales, se sabe que el azúcar y la cocaína activan los mismos receptores opioides en nuestro cerebro. Además se ha constatado que el azúcar es más adictivo que la cocaína.
¿Soy adict@ al azúcar?
Los síntomas de la adicción al azúcar pueden variar de persona a persona, pero algunos signos y síntomas comunes pueden incluir:
Antojos intensos de alimentos o bebidas azucaradas, especialmente después de consumirlos.
Dificultad para controlar o limitar el consumo de alimentos azucarados.
Deseo persistente de sabores dulces y necesidad de cantidades cada vez mayores de azúcar para experimentar satisfacción.
Síntomas similares a los de abstinencia al intentar reducir o dejar el azúcar, como irritabilidad, cambios de humor, dolores de cabeza o fatiga.
Consumo continuo de alimentos azucarados a pesar de las consecuencias negativas para la salud física o el bienestar general.
Preocupación por pensamientos sobre alimentos azucarados y un deseo constante de la siguiente dosis de azúcar.
Dificultad para mantener una dieta equilibrada y saludable debido a la abrumadora influencia de los antojos de azúcar.
Mayor tolerancia al azúcar, lo que lleva a la necesidad de mayores cantidades o sabores más intensos para experimentar el mismo nivel de satisfacción.
Estrategias prácticas para reducir el consumo de azúcar añadido
Reducir el azúcar añadido no exige eliminar todos los alimentos dulces ni seguir una dieta restrictiva. Lo más eficaz es modificar progresivamente los hábitos de compra, preparación y consumo.
Priorizar el agua como bebida habitual
Los refrescos, las bebidas energéticas, los tés comerciales azucarados y los zumos deben sustituirse progresivamente por agua.
El agua es la mejor opción para mantener una hidratación adecuada sin añadir azúcares ni energía innecesaria.
También pueden utilizarse infusiones sin azúcar o agua aromatizada con frutas, hierbas aromáticas o rodajas de cítricos.
Elegir fruta entera en lugar de zumos
La fruta entera proporciona fibra, agua y micronutrientes. Además, su estructura alimentaria favorece una mayor saciedad que los zumos.
Es preferible consumir una naranja entera que beber su zumo, incluso cuando este sea recién exprimido.
Reducir gradualmente el azúcar del café y las infusiones
Las personas acostumbradas a añadir varias cucharaditas de azúcar pueden disminuir progresivamente la cantidad.
Esta estrategia permite adaptar la percepción del sabor dulce y facilita el mantenimiento del cambio a largo plazo.
Elegir yogures naturales sin azúcar añadido
Los yogures naturales sin azúcares añadidos constituyen una alternativa interesante a los yogures de sabores y postres lácteos azucarados.
Pueden combinarse con fruta fresca, canela, frutos secos o semillas para mejorar su sabor y su valor nutricional.
Revisar los cereales y productos de desayuno
Muchos cereales comerciales, granolas y barritas contienen cantidades elevadas de azúcar.
Una alternativa es preparar desayunos con avena integral, yogur natural, fruta fresca y frutos secos sin azúcar añadido.
Cocinar más en casa
La preparación doméstica de comidas permite controlar mejor la cantidad de azúcar incorporada.
También ayuda a reducir la dependencia de salsas comerciales, postres preparados y productos ultraprocesados.
No sustituir sistemáticamente el azúcar por edulcorantes
Los edulcorantes sin azúcar pueden reducir el contenido energético de determinados productos cuando sustituyen al azúcar, pero no son una solución universal para mejorar la calidad de la dieta.
La OMS desaconseja utilizarlos como estrategia de control del peso o prevención de enfermedades no transmisibles a largo plazo en la población general.
La recomendación principal debe centrarse en acostumbrar progresivamente el paladar a sabores menos dulces y priorizar alimentos mínimamente procesados.
¿Es necesario eliminar completamente el azúcar?
No es necesario plantear la alimentación desde una perspectiva de prohibición absoluta.
El organismo necesita glucosa para diferentes funciones metabólicas, pero esto no significa que sea necesario consumir azúcar añadido. El cuerpo puede obtener glucosa a partir de distintos hidratos de carbono presentes en alimentos como cereales integrales, legumbres, frutas y verduras.
El objetivo nutricional consiste en garantizar una alimentación equilibrada, variada y suficiente, reduciendo los azúcares libres y evitando que los productos azucarados desplacen a alimentos de mayor calidad nutricional.
Una dieta saludable puede incluir ocasionalmente alimentos dulces, siempre que su consumo sea moderado y no desplace los alimentos fundamentales de una alimentación equilibrada.
La frecuencia, la cantidad y el patrón dietético global son aspectos más relevantes que la consideración aislada de un alimento.
¿Qué ocurre cuando reducimos el azúcar añadido?
La reducción del consumo habitual de azúcares libres puede generar beneficios progresivos, especialmente cuando se acompaña de otras modificaciones saludables del estilo de vida.
Entre los principales beneficios potenciales destacan:
Mejor control de la ingesta energética.
Mayor facilidad para mantener un peso corporal saludable.
Reducción de la exposición dental a azúcares fermentables.
Mejora de determinados factores de riesgo cardiometabólico.
Menor consumo de bebidas azucaradas y productos de bajo valor nutricional.
Mayor espacio en la dieta para alimentos ricos en fibra y micronutrientes.
Además, reducir progresivamente los alimentos muy dulces puede facilitar la adaptación de las preferencias gustativas y mejorar la aceptación de sabores naturales menos intensos.
Es importante recordar que estos beneficios dependen del patrón alimentario completo y no deben interpretarse como efectos garantizados o inmediatos de eliminar un único ingrediente.
Preguntas frecuentes sobre el azúcar añadido
¿El azúcar moreno es más saludable que el azúcar blanco?
No de forma significativa. Aunque presentan pequeñas diferencias en su composición, ambos aportan cantidades elevadas de sacarosa y sus efectos metabólicos son esencialmente similares cuando se consumen en cantidades equivalentes.
¿La miel es mejor que el azúcar?
La miel contiene pequeñas cantidades de otros compuestos, pero desde el punto de vista de las recomendaciones de salud pública sus azúcares se consideran azúcares libres. Por tanto, debe consumirse con moderación.
¿La fruta contiene demasiado azúcar?
La fruta entera puede formar parte de una alimentación saludable. Sus azúcares se encuentran integrados en una matriz que contiene agua, fibra y otros nutrientes. No debe equipararse su consumo al de refrescos, dulces o zumos.
¿Los zumos naturales son saludables?
Pueden aportar vitaminas y otros nutrientes, pero sus azúcares se consideran libres según la clasificación de la OMS. Por ello, es preferible priorizar la fruta entera y reservar los zumos para un consumo ocasional.
¿Eliminar el azúcar ayuda a perder peso?
Reducir los alimentos y bebidas ricos en azúcar puede facilitar la pérdida de peso cuando contribuye a disminuir la ingesta energética total. Sin embargo, el resultado depende del balance energético, la calidad de la dieta, la actividad física y otros factores individuales.
¿Los productos sin azúcar son siempre más saludables?
No necesariamente. Un producto sin azúcar puede contener grasas saturadas, sal, harinas refinadas o edulcorantes. Es importante valorar su composición global y no basar la elección exclusivamente en una declaración nutricional.
Bibliografía
Organización Mundial de la Salud (OMS). Guideline: Sugars intake for adults and children. 2015.
European Food Safety Authority (EFSA). Tolerable upper intake level for dietary sugars. EFSA Journal, 2022.
Huang Y, et al. Dietary sugar consumption and health: umbrella review. BMJ. 2023;381.
Organización Mundial de la Salud (OMS). Healthy diet. Recomendaciones sobre azúcares libres y alimentación saludable.
Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Información nutricional y etiquetado alimentario.
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